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Mi primer recuerdo de un milquinientos
por Juan Pablo Condado, socio n° 20


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Sin duda alguna las más apasionantes historias de adquisiciones de un milquinientos son aquellas en las que el anterior propietario es un familiar o un buen amigo de la familia. La atracción por el vehículo se mezcla entonces con el afecto por la figura de su anterior propietario dejando una huella imborrable en la memoria, muy especialmente si este primer recuerdo se produce en la mente de un niño. El gusto por las líneas rectas de este vehículo, las ópticas elevadas a imitación de los coches americanos de la década de los ´50 inspirados en la incipiente industria espacial tan de moda en la época, su comodidad, elegancia, amplitud y la escasez de vehículos en la España de los años ´70 contribuyeron poderosamente en el nacimiento en mí la semilla de la pasión por el milquinientos.

Mi primer recuerdo con un SEAT 1500 nace en unas vacaciones de verano cuando aun no contaba con 11 años de edad. Como hijo de padres emigrantes que como todos salieron de España en busca de mejores oportunidades, regresabamos en verano a casa por vacaciones, corrían los años ´60. Nuestras vacaciones comenzaban con un largo viaje en un Opel Record color crema, partiendo desde la entonces denominada Alemania Federal, atravesábamos Francia con destino a los añorados pueblos de pinares de Soria y Burgos, era una época sin autovías, mi hermana y yo dormíamos cuanto podíamos tumbados en el sillón trasero del vehículo. Es curioso como a los niños, sin haber conocido apenas España, se nos transmitía desde todos los mayores que formaban la Misión Católica Española en Offenbach, la añoranza por España.

En aquella ocasión durante las vacaciones, caminábamos de la localidad de San Leonardo de Yagüe a la de Navaleno, no recuerdo si por alguna avería del Opel o por algún otro motivo, el caso es que a media distancia entre ambas localidades que distan 5 km, en un paraje de vegetación dominada visualmente por los pinos albares y por su intenso olor de su resina y a tomillo, un coche paró a nuestra altura, se trataba de Goyo, amigo de infancia de mi padre. Todos nos montamos en el vehículo, mi madre Laura y mi hermana Ana detrás con Pili, la esposa de Goyo, y yo por ser el más pequeño delante entre mi padre Juan y Goyo aprovechando así las seis plazas del milquinientos. Mi estatura sólo me permitía vislumbrar un poco por encima del salpicadero, ver el enorme volante girar y el engranar de las marchas justo delante de mi me causó profunda impresión. Se trataba de un 1400C al que Goyo, mecánico de profesión, le había adaptado un motor Perkins y pintado de azul con la capota blanca.

Recuerdo también el único SEAT 1500 que al poco hubo en la familia, el de mi tío Victor y mi tia Flor, un monofaro negro con motor de gasolina, y especialmente recuerdo una excursión al embalse de la Cuerda de Pozo, más conocida como la Playa Pita. Era un día muy soleado y de regreso a casa, sentado detrás con los brazos apoyados respaldos de los asientos delanteros, el sol se filtraba entre las copas de los pinos deslumbrándome mientras trataba de seguir con la vista la senda de la carretera que habímos de recorrer.

Cuando vinimos definitivamente a vivir a España, a Madrid, a finales de la década de los ´70, el monofaro que había en la familia había sido sustituido por un Citroen GS. Se seguían viendo algunos milquinientos por la calle, sobre todo taxis, siempre que necesitábamos los servicios de alguno trataba de que fuese un milquienientos, alguna vez lo logré. En una ocasión propuse a mis padres cambiar nuestro SEAT 1430 primera serie amarillo por un SEAT 1500 que vendían en un taller cercano, la propuesta no prospero. Hoy trataría de mantener los dos, el 1430 y el 1500.

Compré mi primer coche en 1989, un Opel Kadett 1.7D blanco, con el me desplazaba regularmente al trabajo, pocos caballos pero muy divertido. Nunca abandoné la idea de tener un SEAT 1500, tanto es así que viendo que no encontraba ofertas de venta en la calle ni tampoco en los periodicos decidí poner yo uno de demanda en la revista Segundamano. Al poco tiempo me llamaron de un taller, la persona que me habló me puso en contacto el propietário del vehícule, el Sr. Infiesta que me mostró el coche en venta, un monofaro del ´66 de color gris que había pertenecido al Parque Móvil, sin molduras cromadas en los marcos de las puertas y con cinturones traseros. Estaba aparcado bajo una higuera en el pátio de una casa de la calle Arturo Soria. El solar donde se hayaba se había convertido en herencia familiar y había sido puesto a la venta, el coche necesitaba ser desalojado de allí a la mayor brevedad posible. Algunos chicos habían saltado el muro de la propiedad y habían jugado dentro del coche sin causarle daños importantes. Si alguna vez habéis visto la película titulada Christine basada en la novela de Stephen King del mismo título, dirigida por John Carpenter, sabréis lo que sentía en esos momentos. La persona del taller que nos puso en contacto nos echó una mano en ponerle en marcha y en pasarle la ITV, desde 1996 disfruto de su conducción siempre que puedo, tanto que acabó siendo el coche que llevó a la novia el día de mi boda.

El mismo año que compre el milquinientos entré en contacto con José Miguel Coedo quien por entonces estaba constituyendo, junto con otros aficionados, la que hoy es la Asociación Española de Amigos del SEAT 1500, de la que él pasó a ser su primer Presidente y yo su sócio número 20.

En el año 2000 conocí a Francisco López Trancho, coordinador entonces de la Sección Madrileña del Club. Gracias al ofrecimiento de Javier Martínez y de Carmelo García en organizar una concentración del Club a Soria, en 2001 se celebró la II Concentración Nacional SEAT 1500 que organizamos juntos, y al relevo en la dirección de la Junta Directiva del Club, Javier se convertiría en Presidente y Carmelo en tesorero del Club, mientras yo me ocupé hasta 2007 de la gestión del recien creado fondo de recambios de Club con el doble objetivo de salvaguardar los recambios que ocupaban espacio y perdían valor entre los recambistas y de fomentar las restauraciones. Desde 2003 mantengo la página Web que estas visitando, cuando no puedo disfrutar de mi milqui o de alguna salida organizada por el Club y dispongo de tiempo, lo dedico a este sitio vitual que también me acerca a este mundo.

He tenido a lo largo de estos años la oportunidad de compartir con muchos socios, aficionados y con sus familias una afición donde compartir no es fácil al ser tan minoritaria, recuerdo con especial emoción a quienes ya no estan entre nosotros, siento la satisfacción de haber compartido juntos años de vivencias inolviables que forman parte del patrimonio de cada uno, sus historias y su generosa compañia han sido y serán un aliciente para mantener viva esta bonita afición.

No en ausencia de sinsabores mantenemos vivo este cachito de la historia de España acercandolo a calles y plazas de toda nuestra geografía. Para quienes tachan de nostálgica e improductiva nuestra afición solo puedo responder que; como en todos los órdenes de la vida, sólo conociendo nuestro pasado y manteniendo los aspectos buenos de él, es posible construir un futuro mejor.

Os deseo a todos muchos kilómetros de felicidad conduciendo vuestros milquinientos en compañía de familiares y amigos!!!

Juan Pablo Condado